El miedo a emprender puede retrasar decisiones o, de plano, paralizarte. No voy a pedirte que lo venzas, sino que aprendas a reconocer las historias que te cuenta para que no sea él quien escriba el final.
Por Genaro Mejía
Nunca asociamos los fantasmas con la playa y el sol. Pero cada verano, a mí me visitan los mismos.
Desde que soy emprendedor, hace ya más de seis años, he aprendido que el miedo a emprender no desaparece con el tiempo; solo cambia de forma. Julio y agosto suelen ser meses flojos. Los proyectos se ralentizan, los ingresos dejan de llegar con la misma regularidad y las facturas, por supuesto, no se toman vacaciones.»
No importa si antes tuviste meses muy buenos y guardaste un “colchón” de protección. Ver cómo ese ahorro empieza a desinflarse tiene un efecto extraño: despierta todos los miedos que creías tener bajo control:
No soy tan bueno como pensaba.
No soy capaz de proveer a mi familia como debería.
No he hecho lo suficiente.
He tomado malas decisiones.
Uno llega detrás de otro hasta formar un hoyo negro en el que no sólo empiezas a dudar de tu negocio, sino también de ti.
Y justo entonces, como un pequeño milagro, aparece un posible cliente. Te pide una propuesta y una cotización.
El problema es que tienes que armarlas cuando tu autoestima está por los suelos. Es en esos momentos cuando el verdadero miedo a emprender muestra su peor cara: te hace dudar de tu valor y chapotea feliz en tu inseguridad
¿Cómo quedará esa propuesta? ¿Cuánto vas a cobrar: lo que vale tu trabajo o lo que crees que el cliente está dispuesto a pagar? ¿Pondrás límites o aceptarás condiciones que en otro momento rechazarías? ¿Perderás tu tiempo, tu dignidad y tu paz por unos cuantos pesos?
Muchos gurús hablan de vencer el miedo como si fuera un enemigo al que hubiera que derrotar.
Yo ya no estoy tan seguro. Tal vez no haya que vencerlo. Tal vez primero haya que escucharlo. Porque el miedo no sólo se siente. El miedo cuenta historias.

Tú escribes el final
Cuando pongo atención a las historias que aparecen cada verano en mi cabeza, descubro que casi siempre son las mismas tres.
La primera es la historia de lo que va a pasar. No voy a conseguir el proyecto. El cliente rechazará la propuesta. Si julio estuvo mal, agosto será peor. El miedo toma una posibilidad y la convierte en certeza: el futuro todavía no ocurre, pero en tu cabeza ya tiene escrito el peor final posible.
La segunda es la historia de lo que los demás pensarán de ti. Si cobro lo que vale mi trabajo, pensarán que estoy loco; si pongo límites, quizá contraten a alguien más; si digo que no, perderé al cliente. Entonces bajas el precio antes de que te pidan un descuento, regalas trabajo que nadie te exigió y aceptas condiciones que en otro momento rechazarías.
Cuántas decisiones que llamas “de negocio” son, en realidad, intentos por evitar un rechazo que sólo existe en tu imaginación.
Pero la tercera historia es la más peligrosa porque ya no habla del futuro ni de los otros, sino de quién eres. Dos meses con pocos proyectos se convierten en “no soy tan bueno”; una mala decisión, en “no sirvo para esto”; un fracaso, en “soy un fracasado”. Dejas de interpretar una circunstancia y comienzas a construir una identidad.
Hace casi dos mil años, Epicteto abrió su Enquiridión con una idea que ayuda a poner orden en todo este ruido: “Hay cosas que están bajo nuestro control y otras que no lo están”. Entre las primeras colocaba los juicios, deseos y acciones; entre las segundas, la riqueza, la reputación y las posesiones.
William B. Irvine, en A Guide to the Good Life, agrega un territorio intermedio: están las cosas que controlas, aquellas en las que puedes influir y las que, de plano, no controlas.
El Mapa del Control: Cómo gestionar tus proyectos sin angustia
| Nivel de Control | Elemento en el Negocio | Acción ante el Miedo a Emprender |
| Lo que SÍ controlas | • La calidad de tu propuesta. • Tu tarifa y límites. • La narrativa en tu cabeza. | Pon foco y energía aquí. Prepara cotizaciones desde tu valor y no desde la urgencia. |
| En lo que PUEDES influir | • La negociación con el cliente. • Tu estrategia de seguimiento. • El volumen de prospección. | Haz tu trabajo de ventas de forma constante sin apegarte al resultado inmediato. |
| Lo que NO controlas | • La decisión final del cliente. • La economía en julio/agosto. • Lo que otros piensen de ti. | Suelta la frustración. Acepta que la estacionalidad del mercado no está bajo tu dominio. |
Puedo controlar la calidad de mi propuesta, cuánto cobrar y los límites que quiero poner. Puedo influir en una negociación y aumentar mis posibilidades de conseguir el proyecto. Pero no puedo controlar que el cliente diga que sí, lo que piense de mí ni lo que ocurrirá dentro de tres meses.
Por eso, cuando vuelvan los fantasmas —porque volverán— quiero hacerles una pregunta distinta:
¿Qué parte de esta historia sí puedo escribir yo?
Tal vez el miedo a emprender no sea algo que debas erradicar, sino aprender a escuchar sin confundir sus historias con hechos. Hay veranos en que el miedo es lo único que habla. Lo que no puedes permitir es que también escriba el final.

