Sobrevivió a varias crisis económicas, pero en el 2005 lo perdió todo y empezó de nuevo. Ahora Ramón Orraca advierte de una ola que puede arrastrar a los restaurantes al final del Mundial.
Por Genaro Mejía
“Nos enseñaron a punta de madrazos, aventando cosas y a gritos ”, recuerda Ramón Orraca sus inicios en el sector restaurantero, en el que nació y creció, pues su padre era socio del Grupo Anderson, que maneja conceptos como Señor Frog’s y Carlos’n Charlie’s.
Así lo enseñaron a él y así fue él con su equipo: egoísta, soberbio, con malos tratos. Hasta que, después de haber sobrevivido a varias crisis económicas (en 1982 y en 1994), le llegó su tormenta perfecta en 2005.
Primero vino el divorcio que hizo carambola en sus restaurantes porque su esposa también era su chef y socia. Cuando el matrimonio se rompió, buena parte del negocio se rompió con él.
Esta crisis destapó algo que había pasado desapercibido: su éxito con Ostrica lo llevó a tomar malas decisiones: “Me fue muy bien y muy rápido. Entonces me subí en un tabique y me mareé. De pronto me sentí como Juan Camaney y quise abrir muchos, pero no tenía la infraestructura y perdí el control”.
Esta crisis combinada lo obligó a cerrar todos sus restaurantes y caer al abismo. “Traía una depresión de la fregada, pero me tenía que poner a trabajar, tenía dos hijos y tenía que sacarlos adelante como fuera”, reconoce.
Empezó de nuevo, gracias a su hermana, dueña de una productora de comerciales, que se quejaba de que en los rodajes se comía muy mal. Así arrancó una pequeña empresa de catering. Un año después, su negocio ya alimentaba entre el 25 y el 30% de las productoras de comerciales del país.
Cuando se capitalizó de nuevo pudo regresar al lugar de sus amores: los restaurantes. Abrió Bonito, Mexsi Bocu, entre otros, de los cuales hoy sobrevive solo Fonda Fina. Años después, sumó el restaurante del Palacio de Bellas Artes, con un promedio de 400 comensales al día.
Tormenta mundialista
Solo alguien que ha sido arrastrado por varias crisis y que ya perdió todo en una puede ver cosas que ni tú ni yo podemos. Por eso vale la pena escuchar la advertencia de Ramón Orraca: “Temo que a partir de que acabe el Mundial de futbol habrá una recesión (sobre todo de restaurantes en la Ciudad de México) espantosa”.
Y todo, explica, porque se preparó el escenario sobre unas expectativas que, hasta el momento, no se cumplieron. Se invirtieron más de 52,000 millones de pesos, sumando obras públicas de movilidad y regeneración urbana. Al menos cuatro de cada 10 locales contrataron personal adicional. Todo porque se estimaba que llegarían más 5.5 millones de turistas, pero una estimación de Canirac y Deloitte señaló que solo llegarían 836,000 turistas.
La Asociación Mexicana de Restaurantes reportó que las ventas de junio cerrarían con una caída de 15-18% respecto al mismo mes de 2025, con más del 55% de restaurantes reportando ventas menores en las primeras dos semanas del torneo, y solo 28% con incremento.
“Sí, sí ha habido algo gente, pero nunca lo que se esperó, nunca el boom de lo que pensaban que iba a ser. Al contrario, con los cierres de calles, las leyes secas, las marchas, los maestros, puta, tuvimos una afectación de la chingada. Mucha gente de verdad está en muy mala situación”, describe Ramón.
De la Caída al Rescate: Principios de Marca para Tiempos de Crisis
| Principio de Marca | La Frase de Ramón | La Traducción a Estrategia de Negocio |
| Resiliencia Operativa | «Hazte chiquito y cuida primero a tu gente.» | En momentos de incertidumbre, protege tu núcleo operativo y el talento que sostiene tu narrativa. |
| Autenticidad de Producto | «Mira lo que tienes cerca, consume local.» | La coherencia de una marca empieza en su cadena de suministro: lo local genera identidad y reduce costos. |
| Propuesta de Valor Justa | «Multiplicar por 3.5 no es estrategia, es miopía.» | Precios abusivos destruyen la lealtad. El cliente que exprimes hoy es el detractor de tu marca mañana. |
| El Propósito Central | «La gente que se acostumbra a servir se hace adicta.» | El servicio al cliente no es un departamento, es el producto narrativo principal de tu experiencia. |
Aunque no tiene una fórmula ante las crisis, ya las ha enfrentado y sabe cómo sortearlas. Por eso dice que cuando dudes si cierras o no, mejor te hagas chiquito y cuides primero a tu gente. Cuando definas el menú, aconseja, mira lo que tienes cerca, consume local y no productos importados y carísimos. Y cuando pongas el precio a tu menú, te pide que recuerdes que multiplicar por 3.5 no es estrategia, sino miopía porque el cliente que hoy exprimes es el que mañana no volverá.
Al final le pregunto por qué seguir en un negocio tan difícil. “La gente que se acostumbra a servir se hace adicto”, dice. “Cuando trabajas en un restaurante recibes una satisfacción inmediata: recibes a un cliente y, si lo haces bien, se va en un estado mucho mejor del que llegó”.

