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La amabilidad vale más que tu marca personal

La amabilidad no es uno más de tus rasgos de carácter: es el ingrediente más estratégico en la historia que le cuentas de ti al mundo porque genera confianza y construye tu reputación.

Por Genaro Mejía

Va tan aprisa que ni nos mira. El señor del abrigo negro se sigue de frente a toda velocidad y casi atropella a mi hijo con sus largas zancadas. Me quedo trabado de coraje por su falta de cortesía.

Lo que más me enoja es que no es una escena extraña, sino de lo más común: vecinos que no contestan los “buenos días”; autos que se aferran a cruzar al mismo tiempo una calle, en lugar de ceder el paso; meseros en un restaurante que te tuercen la boca por pedirles un café… Y si me meto al mundo digital la marea sube, porque ahí la norma es polarizar, criticar y juzgar con dureza a quien piensa distinto.

Parece que el entorno actual premia la descortesía, pero considero un grave error estratégico subestimar el poder de la amabilidad.

Para mí, ser amable, además de ser parte de la educación que me dieron mis padres, es un pilar de identidad. Algo que vale más que cualquier fórmula erudita de marca personal.

Te doy un ejemplo reciente. Hace unas semanas, durante la presentación de los finalistas y jurados del prestigioso premio Entrepreneur of the Year, que organiza E&Y cada año, presenté a dos amigos que no se conocían entre sí. Lo hice destacando lo mejor de sus trayectorias, porque cada uno merecía ser visto en su dimensión real.

Alejandro Llantada fue editor de mi libro, es experto en persuasión, autor longseller en Amazon y un conferencista que sabe cómo mover a una audiencia”, dije primero. Luego presenté a Alejandro Ángeles: “Es una leyenda del periodismo de negocios en México, quien lideró proyectos como Forbes México y Bloomberg Línea”.

Lo que vino después fueron más de dos horas de conversación profunda que ninguno de los tres planeaba tener y una conexión auténtica que, estoy seguro, nos llevará a colaborar pronto.

Esto no es mera intuición. Kim Cameron, profesor de la Ross School of Business de la Universidad de Michigan y uno de los diez académicos organizacionales más citados del mundo, demostró que el mayor predictor de éxito en un líder no es su carisma, su poder ni su inteligencia. Es lo que llamó positive relational energy: la energía que se intercambia entre personas y que las eleva, las entusiasma y las renueva. Los líderes que la practican no solo caen bien: tienen la capacidad de transformar los resultados de organizaciones enteras.

El sesgo de la hostilidad

A veces tomamos decisiones basados en percepciones distorsionadas. Te digo esto porque, aunque yo mismo percibo la poca amabilidad del mundo, estoy en un error.

Resulta que las personas somos mucho más cooperativos de lo que creemos, pero subestimamos la bondad de quienes nos rodean, según el World Happiness Report 2025. Ese sesgo de desconfianza tiene un costo directo en nuestra felicidad y en la solidez de las comunidades que construimos.

Como ves, la amabilidad no es ingenuidad ni debilidad. Es la única estrategia de reputación que no se puede fabricar en un laboratorio de marketing, comprar ni automatizar. Se construye acto por acto, presentación por presentación, mirada por mirada.

Como dice Jan-Emmanuel De Neve, director del Centro de Investigación del Bienestar de la Universidad de Oxford y coautor del World Happiness Report: “En esta era de aislamiento social y polarización política necesitamos encontrar formas de volver a reunir a las personas. Hacerlo es fundamental para nuestro bienestar individual y colectivo”.

Así que la próxima vez que sientas la tentación de unirte al ruido y al desdén de la época, no te preguntes si el mundo merece tu amabilidad

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