Hay un problema que ya conoces, pero no te decides a enfrentar. Así le pasó a Juan Diego Bermeo, a quien esperar casi le costó todo. Su historia muestra lo que puede pasar cuando posponemos una decisión que, en el fondo, sabemos que tenemos que tomar.
Por Genaro Mejía
Pasó su luna de miel en Corea como un espectro: estaba sin estar, paseando por templos y lugares turísticos, pero pegado al teléfono desde las 10 de la mañana de un día hasta las cuatro de la madrugada del día siguiente. Y así toda la semana.
No era poca cosa lo que le impedía disfrutar de su reciente matrimonio a Juan Diego Bermeo: su empresa estaba aplastada por una deuda que parecía impagable, sin flujo para poder sacar los gastos fijos.
El colapso ocurrió a las tres de la mañana de un día de mayo de 2024, en una playa helada frente al mar de Busan. Sus pies solo sentían el frío de la arena y el corazón se le quería salir en esa llamada con su socio y el nuevo contador de la compañía.
Tenían solo tres opciones para rescatar a Vonaut, entonces llamada Cajanauta: aceptar la inversión de un socio capitalista en condiciones que no eran óptimas; entrar en concurso mercantil para frenar los pagos a proveedores o, la última: liquidar activos, títulos y personal, quedarse solo con un grupo pequeño del equipo para tratar de salvar a la empresa.
Él sabía que el problema no había empezado esa semana de viaje con su esposa, sino desde 2022. Habían crecido de forma trepidante durante la crisis sanitaria del Covid-19, lo que llevó a los socios a contratar más personal, más tecnología y más estructura.
“Cuando se acabó la pandemia se acabaron esos ingresos mágicos y nos quedamos con una estructura de costos que no podíamos sostener”, cuenta el cofundador y CEO de Vonaut y abierto.io, originario de Ecuador, pero con una vida hecha en México.
A finales de 2023 ya sabían que no podían mantener el tamaño al que habían llegado, pero ninguno de los socios quiso aceptar el único camino viable: recortar la empresa, hacerla pequeña de nuevo. “Esa decisión la sabíamos, pero la dejamos acumular porque queríamos negarnos a la realidad”, reconoce.
El hambre y el síndrome del impostor
Aquella madrugada de mayo de 2024, en la playa helada de Busan, Juan Diego tomó la decisión más arriesgada: recortar la empresa, achicarla a su estado mínimo y empezar su reconstrucción. Lo que siguió lo hizo desde el otro lado del mundo, en plena luna de miel, por videollamada: liquidar activos, soltar a parte del equipo, apretar cada gasto.
Y asumir, por primera vez, la dirección general.
“Antes estaba en el puesto B”, dice. “Este momento me decía: ahora estás en el puesto A. ¿Confías en ti mismo como líder? Y fue un why not”.
Un salto de fe en sí mismo.
Rescató la empresa. Pero el miedo no desapareció con la crisis. Juan Diego aprendió algo más incómodo: que el síndrome del impostor no se va cuando creces, sino que crece contigo. “Cuando la empresa sea muy grande, ahí va a seguir el síndrome. Por eso me gusta saber que está: es lo que me da hambre”.
Con esa tensión encima —y no a pesar de ella— decidió emprender de nuevo.
Encontró un problema que valía la pena resolver. Vender en internet hoy significa vivir disperso: catálogo en Amazon, inventario en Mercado Libre, tienda en Shopify, videos en TikTok Shop. Cada canal habla su propio idioma y ninguno te dice qué tienes, dónde lo tienes y qué debes despachar hoy.
Decidió atacar ese caos con abierto.io, una plataforma que centraliza en un solo lugar la gestión de inventarios, pedidos y operaciones para quien vende en múltiples canales digitales.
Su diferenciador real no es la Inteligencia Artificial, sino la red de bodegas que está construyendo, basado en el contacto directo y la confianza de los propietarios de los almacenes. “El que gana no es el que tiene el mejor algoritmo”, dice. “Gana el que tiene más choferes conectados y el carro más rápido”.
¿Cómo saber si estás dejando crecer una crisis?
La historia de Juan Diego deja tres preguntas incómodas que cualquier líder o emprendedor puede hacerse:
- ¿Qué problema ya conozco, pero sigo posponiendo? Muchas crisis no aparecen de golpe: primero llegan como señales que preferimos ignorar.
- ¿Qué decisión sería más difícil dentro de seis meses? Esperar rara vez hace desaparecer un problema estructural; muchas veces solo aumenta su costo.
- ¿Estoy defendiendo una realidad que ya cambió? Lo que funcionó en una etapa de crecimiento puede convertirse en una carga cuando cambian el mercado, los ingresos o las necesidades del negocio.
De señal a crisis: lo que cambia cuando esperas
| Señal que aparece | Lo que solemos hacer | Lo que conviene preguntarse |
|---|---|---|
| Los ingresos bajan, pero los costos siguen igual | Esperar a que “se recupere” el mercado | ¿Esta estructura todavía corresponde a nuestra realidad? |
| Sabemos qué decisión habría que tomar | Posponerla porque es incómoda | ¿Cuánto más costará tomarla dentro de seis meses? |
| Algo funcionó muy bien en el pasado | Intentar mantenerlo aunque el contexto cambió | ¿Estamos defendiendo un modelo que ya dejó de funcionar? |
| El miedo aparece ante una decisión | Buscar más certezas antes de actuar | ¿Qué sí sabemos hoy y qué podemos decidir con esa información? |
| El problema empieza a afectar otras áreas | Resolver únicamente las urgencias | ¿Cuál es la causa que estamos evitando enfrentar? |
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Juan Diego sigue sin tener todas las respuestas. Lo sabe, y ya no le asusta saberlo. En una playa helada, a las tres de la mañana, aprendió que la peor crisis no es la que te cae encima, sino la que decides ignorar.
Y tú, ¿cuánto tiempo vas a esperar para enfrentar la crisis que tienes enfrente?
En StoryShake trabajamos precisamente ahí: en las historias, decisiones y narrativas que ayudan a empresas y líderes a entender qué está cambiando, comunicarlo mejor y convertirlo en una conversación que mueva a las personas.

